domingo, 29 de marzo de 2009

El voto a ciegas

En este artículo de ABC, Manuel Martín Ferrán pone el acento en la burla que supone a la ciudadanía y las consecuencias que acarrea la férrea disciplina de partido que existe en un régimen partitocrático como el que padecemos.


En una partitocracia como la nuestra, cuando el sistema electoral niega la esencia representativa y el Congreso es una mera escenificación litúrgica, el empleo de diputado es algo simbólico y decorativo. Como los maceros que sobreviven en algunos Ayuntamientos, pero sin plumero. Aún así convendría guardar las formas. Lo deseable sería, quizás, un gran pacto para la regeneración democrática y la separación de los poderes del Estado, para que las Autonomías no multipliquen por diez el total del gasto público y dejen sin sentido ni fundamento las más tradicionales instituciones de la Nación; pero, dado que todos, los centrípetos y los centrífugos, se sienten satisfechos con la situación y no se vislumbra posibilidad alguna de revisión constitucional, implántese el disimulo para que el decaído entusiasmo de los contribuyentes no se hunda del todo.


Estoy pensando en el cínico desparpajo de los padres de la Patria, de los 246 diputados que votaron a favor del dictamen de la Comisión del Estado del Diputado. Sólo los portavoces de cada grupo, según costumbre establecida y unánimemente consensuada, conocían el texto que el presidente del Congreso, José Bono, sometía a la consideración de sus señorías. Los demás votaron a ciegas y, al hacerlo, consagraron el derecho de los diputados a compatibilizar su trabajo supuestamente representativo con otros de naturaleza particular y, se supone, lucrativa.


La opacidad arraiga como fundamento de nuestra convivencia. Hasta el Presupuesto se aprueba sin que conste que ese será, y no otro, el capítulo de gastos e ingresos del Estado: aún a sabiendas de que las circunstancias niegan la posibilidad de cumplir lo que se aprueba, una exhibición de desprecio a los electores. Pero que los diputados voten sin saber lo que votan, en la más absoluta oscuridad, es el límite de la decencia democrática. No es cosa de entrar en el fulanismo y subrayar el nombre de los principales beneficiarios de esa conducta laxa y compartida porque lo que realmente se resquebraja con prácticas de esa naturaleza es el espíritu que debiera animar nuestra Constitución y presidir nuestra convivencia; pero una sesión parlamentaria con 336 asistentes y el acuerdo previo de que nadie haga uso de la palabra, en la que se vota algo que la mayoría desconoce y que, en cualquier caso, establece el privilegio de algunos de los votantes es, en el mejor de los casos, un cachondeo.

8 comentarios:

F.G.A. dijo...

Esto es como cuando los diputados de forma efectista se ponen de acuerdo para congelar sus sueldos como muestra de solidaridad con los ciudadanos que padecen la crisis.

¡Yo quiero un sueldo de diputado para que me lo congelen un año!

Un saludo

CHOPINGO dijo...

yo quiero un sueldo de diputado.

miguel gil dijo...

ME GUSTA el artículo y VUESTRO BLOG. si quereis podemos caborar con articulos, etc.

quedo pendiente vuestra respuesta


http://asociacionplanetaverde.blogspot.com/

Republica bananera dijo...

El parlamentario vota lo que la dirección de su partido le dice que ha de votar.

Por tanto, ¿Que más da si el parlamentario sabe o no lo que está votando?

Antonio dijo...

Es locura tratar de que los miembros de la mayor y más poderosa
secta internacional reconozcan y admitan sus errores.

Es sacrilegio demostrar que sus líderes no han hecho otra cosa que mantener y perpetuar los eslabones en la cadena de falsedades.

La paciencia de la verdad por darse a conocer, es para vergüenza
y oprobio de aquellos que se obstinan inútilmente en negarla.

La inteligencia no consiste en “copiar y pegar” en nuestra mochila cultural conocimientos que aportan terceras personas, la inteligencia consiste en disponer de la capacidad cognitiva para discernir si esos conocimientos son realmente sensatos, objetivos, ciertos y verdaderos.

Reyes, príncipes, presidentes de gobierno, ministros, catedráticos, científicos, cardenales, obispos, profesionales de la comunicación… Gracias a todos porque con vuestro silencio y desprecio me habéis permitido demostrar la triste y trágica realidad de este país: que el sistema político-social es una farsa donde la soberbia, el orgullo, la estupidez y la ceguera son los “valores” de aquellos que ocupan, sin merecerlo, cargos de responsabilidad.

Blogs de Mayores dijo...

Desde el blog en apoyo al “Premio Maria Amelia López Soliño” a la mejor bitácora escrita por una persona de la tercera edad, te agradecemos el cariñoso comentario de condolencia dejado en su blog y te animamos a estimular a los más mayores a seguir su ejemplo.

Un saludo afectuoso.

Republica Rojigualda dijo...

Julia, veo que no eres muy perspicaz, así que te lo diré claramente: aquí pensamos que la Transición fue no solo un fracaso, sino un atentado contra la democracia y la unidad de España. Y es evidente que tu partido no casa con nuestros ideales, así que por favor, abstente de hacer propaganda.

Red Hispania dijo...

Querido amigo:

Eres merecedor de un Premio Caballero de Dios, que Zadlander ha otorgado a todos los colaboradores de Red Hispania.

Asimismo, si no has recogido aún todos los otros Premios que Red Hispania ha ido recibiendo a lo largo de estos meses, puedes hacerlo ahora.